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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

13 de marzo de 2017

49 MÁTIRES DE ABITINIA (Año 304). "Sin reunirnos el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir" - “Sine dominico non possumus”. Fiesta 12 de Febrero.

Imagen: Tabgha: Iglesia de la Multiplicación. El mosaico con el cesto de panes flanqueado por dos peces puede datarse entre finales del siglo V y principios del VI. 
“SINE DOMINICO NON POSSUMUS”
En Abitina, pequeña localidad de la actual Túnez, 49 cristianos fueron sorprendidos un domingo mientras, reunidos en la casa de Octavio Félix, celebraban la Eucaristía desafiando así las prohibiciones imperiales.
Tras ser arrestados fueron llevados a Cartago para ser interrogados por el procónsul Anulino. Fue significativa, entre otras, la respuesta que un cierto Emérito dio al procónsul que le preguntaba por qué habían transgredido la severa orden del emperador?
Respondió: 
“Sine dominico non possumus”
es decir, sin reunirnos en asamblea el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir. Nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades diarias y no sucumbir.
Después de atroces torturas, estos 49 mártires de Abitina fueron asesinados. Así, con la efusión de la sangre, confirmaron su fe. Murieron, pero vencieron; ahora los recordamos en la gloria de Cristo resucitado.
(Benedicto XVI Homilía, Bari, 29-V-05)
TAMBIÉN RECOGE ESTE PASAJE HISTÓRICO 
A principios del s. IV, el culto cristiano estaba todavía prohibido por las autoridades imperiales. Algunos cristianos del Norte de África, que se sentían en la obligación de celebrar el día del Señor, desafiaron la prohibición.

Fueron martirizados mientras declaraban que no les era posible vivir sin la Eucaristía, alimento del Señor: sine dominico non possumus (Acta SS. Saturnini, Dativi el aliorum plurimorum martyrum in Africa. 7.9.10) Que estos mártires de Abitinia, junto con muchos santos y beatos que han hecho de la Eucaristía el centro de su vida, intercedan por nosotros y nos enseñen la fidelidad al encuentro con Cristo resucitado.

Nosotros tampoco podemos vivir sin participar en el Sacramento de nuestra salvación y deseamos ser iuxta dominicam viventes, es decir, llevar a la vida lo que celebramos en el día del Señor. En efecto, este es el día de nuestra liberación definitiva. ¿Qué tiene de extraño que deseemos vivir cada día según la novedad introducida por Cristo con el misterio de la Eucaristía? 
(BENEDICTO XVI, Sacramentum Caritatis, 95)
SINE DOMINICO NON POSSUMUS - LOS MÁRTIRES DEL ÁFRICA PROCONSULAR .
“No podemos vivir sin celebrar el Día del Señor” esta es la expresión de los mártires de Abitinia cuya memoria hoy celebramos (12 febrero). Abitinia era una ciudad de la provincia romana del Africa proconsularis, cerca de la actual Túnez, situada, según indica san Agustín, al sudoeste de la antigua Mambressa, hoy Medjez el–Bab, a las orillas del río Medjerda.

En el 303, el emperador Diocleciano, tras años de una relativa calma, desencadenó una violenta persecución contra los cristianos ordenando que 
«se tenían que buscar textos sagrados: los santos Testamentos del Señor y las Escrituras divinas, para que fueran quemadas; las basílicas del Señor debían ser demolidas; además, se prohibía celebrar la liturgia y las reuniones sagradas».
En Abitinia, una pequeña comunidad de 49 cristianos, contraviniendo las órdenes del emperador, se reunía semanalmente en casa de uno de ellos para celebrar la Eucaristía dominical.
Los nombres de los cristianos mártires de Abitinia que recoge el Martirologio son:
  • Saturnino  presbítero, con cuatro hijos: 
  • Saturnino jr. y Félix, lectores, 
  • María e Hilarión, aún niño 
  • Dativo o Sanator
  • Félix
  • otro Félix
  • Emerito y Ampelio, lectores
  • Rogaciano
  • Quinto
  • Maximiano o Máximo
  • Telica o Tacelita
  • otro Rogaciano
  • Rogato
  • Januario
  • Casiano
  • Victoriano
  • Vicente
  • Ceciliano
  • Restituta, Prima
  • Eva
  • otro Rogaciano
  • Givalio
  • Rogato
  • Pomponia
  • Januaria
  • Saturnina
  • Martín
  • Clautos
  • Félix jr.
  • Margarita
  • Mayor
  • Honorata
  • Victorino
  • Pelusio
  • Fausto
  • Daciano
  • Matrona
  • Cecilia
  • Victoria
  • Berectina
  • virgen cartaginesa
  • Secunda
  • Matrona
  • y Januaria.
Así resume se refiere a ellos el elogio litúrgico:
En Cartago, ciudad de África, conmemoración de los santos mártires de Abitinia (Tunicia), que durante la persecución bajo el emperador Diocleciano, por haberse reunido para celebrar la eucaristía dominical en contra de lo establecido por la autoridad, fueron apresados por los magistrados de la colonia y los soldados de guardia. Conducidos a Cartago e interrogados por el procónsul Anulino, a pesar de los tormentos confesaron su fe cristiana y la imposibilidad de renunciar a la celebración del sacrificio del Señor, derramando su sangre en lugares y momentos distintos (304)
En efecto, estos no sólo no entregan las sagradas Escrituras sino que, ante la indicación de que podrían quedar libres con tal de no reunirse en el día prefijado, responden que la reunión dominical es parte de sus propias vidas. De hecho, Félix, responde al procónsul:
“¡Un cristiano no puede existir sin celebrar los misterios del Señor y los misterios del Señor no se celebran sin la presencia de los cristianos! El cristiano vive de la celebración de la liturgia… Sábete que cuando oigas el nombre <cristiano> es uno que se reúne con otros hermanos ante el Señor, y cuando oigas hablar de <reuniones>, reconoce en ellas el nombre de <cristiano>”.
Morirán todos convirtiendo su martirio en una auténtica liturgia. En las actas encontramos expresiones como 
Cristo, escúchame…
Te doy gracias, oh Dios…
Ten misericordia. 
La ofrenda de su vida –a imagen del Señor- acompaña al perdón por los verdugos de los que han sido denominados como <los mártires del domingo>: aquellos que han puesto el “día que hizo el Señor” (Sal 117,24), la Pascua semanal, la fiesta primordial de la Eucaristía, por encima de sus propias vidas (Cf. Acta SS. Saturnini, Dativi et aliorum plurimorum martyrum in Africa, 7,9,10: PL 8, 707.709-710; D. Ruiz Bueno, Actas de los mártires, BAC, Madrid 1968, 981-984).
Mártires de Abitinia
EL PAPA JUAN PABLO II, EN DIES DOMINI (N. 46), HABLANDO DE LA MISA DOMINICAL, CITA SU EJEMPLO
Al ser la Eucaristía el verdadero centro del domingo, se comprende por qué, desde los primeros siglos, los Pastores no han dejado de recordar a sus fieles la necesidad de participar en la asamblea litúrgica… Cuando, durante la persecución de Diocleciano, sus asambleas fueron prohibidas con gran severidad, fueron muchos los cristianos valerosos que desafiaron el edicto imperial y aceptaron la muerte con tal de no faltar a la Eucaristía dominical. Es el caso de los mártires de Abitinia, en África proconsular, que respondieron a sus acusadores: 
  • “Sin temor alguno hemos celebrado la cena del Señor, porque no se puede aplazar; es nuestra ley”
  • “nosotros no podemos vivir sin la cena del Señor”. 
Y una de las mártires confesó: 
  • “Sí, he ido a la asamblea y he celebrado la cena del Señor con mis hermanos, porque soy cristiana”.
Tabgha: Iglesia de la Multiplicación. El mosaico con el cesto de panes flanqueado por dos peces puede datarse entre finales del siglo V y principios del VI. 
EN LA CLAUSURA DEL CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL ITALIANO DE BARI EL PAPA BENEDICTO XVI PRONUNCIÓ UNA HOMILÍA PROFUNDIZANDO EN LA IDEA DE QUE UN CRISTIANO “NO PUEDE VIVIR SIN LA EUCARISTÍA”
El tema escogido, «Sin el domingo no podemos vivir», nos remonta al año 304, cuando el emperador Diocleciano prohibió a los cristianos, so pena de muerte, poseer las Escrituras, reunirse el domingo para celebrar la Eucaristía y construir lugares para sus asambleas.

En Abitene, pequeña localidad en lo que hoy es Túnez, en un domingo se sorprendió a 49 cristianos que, reunidos en la casa de Octavio Félix, celebraban la Eucaristía, desafiando las prohibiciones imperiales.
Arrestados, fueron llevados a Cartago para ser interrogados por el procónsul Anulino.

En particular, fue significativa la respuesta que ofreció Emérito al procónsul, tras preguntarle por qué habían violado la orden del emperador. Le dijo:
-«Sine dominico non possumus, sin reunirnos en asamblea el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir. Nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades cotidianas y no sucumbir».
Después de atroces torturas, los 49 mártires de Abitene fueron asesinados. Confirmaron así, con el derramamiento de sangre, su fe. Murieron, pero vencieron: nosotros les recordamos ahora en la gloria de Cristo resucitado.
(29 mayo 2005).
AÑOS MÁS TARDE, BENEDICTO XVI, EN VIENA, REPETÍA EL MISMO EJEMPLO SUBRAYANDO QUE LA PALABRA DOMINICUM SIGNIFICA EL DON EUCARÍSTICO DEL SEÑOR Y, A LA VEZ, EL DÍA EN QUE ESE DON SE CELEBRA Y DONDE SE EXPERIMENTA LA PRESENCIA DEL RESUCITADO. Para los cristianos del África septentrional, como para tantos a los largo de nuestra historia, la celebración eucarística dominical no se contempla como un mero precepto, sino como una auténtica necesidad interior. Sin el Señor, sin el Dominicum, la misma vida carecería de fundamento y belleza:

«SINE DOMINICO NON POSSUMUS!» 
Sin el don del Señor, sin el Día del Señor no podemos vivir: así respondieron en el año 304 algunos cristianos de Abitinia en la actual Túnez cuando, sorprendidos en la Celebración eucarística dominical, que estaba prohibida, fueron conducidos ante el juez y se les preguntó por qué, de Domingo, habían celebrado la función religiosa cristiana, a sabiendas que esto era castigado con la muerte. «Sine dominico non possumus»

EN LA PALABRA "DOMINICO" ESTÁN ENLAZADOS INDISOLUBLEMENTE DOS SIGNIFICADOS, CUYA UNIDAD DEBEMOS DE NUEVO APRENDER A PERCIBIR.
Se encuentra sobretodo “el don del Señor” – este don es El mismo: 
el Resucitado, de cuyo contacto y cercanía los cristianos tienen necesidad para ser ellos mismos. 
Esto, sin embargo, no es sólo un contacto espiritual, interno, subjetivo: 
el encuentro con el Señor se inscribe en el tiempo a través de “un día preciso”. Y de esta manera se inscribe en nuestra existencia concreta, corpórea y comunitaria, que es temporalidad. Da a nuestro tiempo, y por tanto a nuestra vida en su conjunto, un centro, un orden interior. 
(9 septiembre 2007).
Imagen: Tabgha: Iglesia de la Multiplicación. El mosaico con el cesto de panes flanqueado por dos peces puede datarse entre finales del siglo V y principios del VI. Firma: Berthold Werner (Wikimedia Commons).
EN JUNIO DE 2011, EL PAPA VOLVÍA A CITAR A <LOS MÁRTIRES DEL DOMINGO> PROPONIENDO -PARA NUESTRA CULTURA OCCIDENTAL HODIERNA, CADA VEZ MÁS INDIVIDUALISTA- LA EUCARISTÍA COMO «ANTÍDOTO», QUE EN EL CREYENTE SIEMBRA LA LÓGICA DE LA COMUNIÓN, DEL SERVICIO, DEL COMPARTIR, ES DECIR, LA LÓGICA DEL EVANGELIO
Como decían los antiguos mártires de Abitinia: «Sine Dominico non possumus», sin el «Dominicum», es decir, sin la Eucaristía dominical no podemos vivir. Pero el vacío producido por la falsa libertad puede ser también muy peligroso, y entonces la comunión con el Cuerpo de Cristo es medicina de la inteligencia y de la voluntad, para volver a encontrar el gusto de la verdad y del bien común.
Como para la pequeña comunidad norteafricana tampoco para nosotros es fácil vivir como cristianos. Pero, estamos ciertos de que el Espíritu del Señor no nos deja solos en este el mundo en el que nos encontramos, caracterizado con frecuencia por el consumismo desenfrenado, por la indiferencia religiosa, por el secularismo cerrado a la trascendencia, por la soledad de las grandes urbes. La enseñanza de la Iglesia sigue siendo válida: 
El domingo, día del Señor, es la ocasión propicia para sacar fuerza de Él, que es el Señor de la vida. El precepto festivo no es por tanto un simple deber impuesto desde el exterior. Participar en la celebración dominical con los hermanos, escuchar la Palabra que se contiene en las Santas Escrituras y alimentarse del Pan eucarístico es una necesidad para el cristiano, que encuentra así la energía necesaria para el camino que hay que recorrer cada día.
El emperador Diocleciano había amenazado con la muerte a los cristianos que no entregaran las Sagradas Escrituras para ser quemadas.
«SINE DOMINICO NON POSSUMUS!». SIN EL SEÑOR Y EL DÍA QUE LE PERTENECE NO SE REALIZA UNA VIDA BIEN LOGRADA.
El domingo, en nuestras sociedades occidentales, se ha transformado en un fin de semana, en tiempo libre. El tiempo libre, especialmente en la prisa del mundo moderno, ciertamente es una cosa bella y necesaria. Pero si el tiempo libre no tiene un centro interior, del cual proviene una orientación en su conjunto, acaba por ser tiempo vacío que no nos fortalece y recrea. El tiempo libre necesita de un centro –el encuentro con Aquel que es nuestro origen y nuestra meta.
(Benedicto XVI, en Viena, 9 septiembre 2007)
Tabgha: Iglesia de la Multiplicación. El mosaico con el cesto de panes flanqueado por dos peces puede datarse entre finales del siglo V y principios del VI. 
MÁRTIRES DE ABITINIA [AÑO 303] - «DILEXIT ECCLESIAM» (AMARON A LA IGLESIA CATÓLICA).
Santos Saturnino y compañeros de Abitinia, mártires
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Cartago, conmemoración de los santos mártires de Abitinia, que durante la persecución desencadenada bajo el emperador Diocleciano, por haberse reunido para celebrar la Eucaristía dominical en contra de lo establecido por la autoridad, fueron apresados por los magistrados de la colonia y los soldados de guardia. Conducidos a Cartago e interrogados por el procónsul Anulino, a pesar de los tormentos que les infligían, se reafirmaron en su fe cristiana y proclamaron no poder renunciar a la celebración del sacrificio del Señor, por lo cual derramaron su sangre en lugares y momentos distintos. Estos son los nombres: santos Saturnino, presbítero, con cuatro hijos: Saturnino junior y Félix, lectores, y María e Hilarión, aún niño; Dativo o Sanator, Félix, otro Félix, Emérito y Ampelio, lectores; Rogaciano, Quinto, Maximiano o Máximo, Telica o Tacelita, otro Rogaciano, Rogato, Januario, Casiano, Victoriano, Vicente, Ceciliano, Restituta, Prima, Eva, otro Rogaciano, Givalio, Rogato, Pomponia, Januaria, Saturnina, Martin, Clautos, Félix junior, Margarita, Mayor, Honorata, Victorino, Pelusio, Fausto, Daciano, Matrona, Cecilia, Victoria, Berectina, virgen cartaginesa, Secunda, Matrona y Januaria.
Mártires de Abitinia
El emperador Diocleciano había amenazado con la muerte a los cristianos que no entregaran las Sagradas Escrituras para ser quemadas. Hacía un año que esta persecución no daba tregua a los cristianos del África, y ya muchos habían traicionado su fe por temor al martirio, y muchos más la habían defendido con su sangre. En Abitina, una ciudad de Africa proconsular, Saturnino, un sacerdote cristiano, estaba celebrando un domingo los sagrados misterios, cuando los magistrados con sus guardias cayeron sobre los cristianos y aprehendieron a cuarenta y nueve hombres y mujeres. Entre ellos estaba el sacerdote Saturnino con sus cuatro hijos: Saturnino el joven y Félix, que eran lectores, María, que se había consagrado a Dios y el pequeño Hilarión. Además de estos constan los nombres de Dativo y otro Félix, que eran senadores; Thelica, Emérito, Ampelio, Rogaciano y Victoria. Dativo y Saturnino encabezaban la procesión de los cautivos hacia el tribunal. Cuando los magistrados los interrogaron, confesaron su fe tan resueltamente, que los mismos jueces aplaudieron su valor. Esto compensó la apostasía de Fundano, obispo de Abitina, quien poco antes entregara los Libros Sagrados para que los quemaran, aunque el acto no llegó a consumarse, porque, según se afirma, un repentino aguacero extinguió las llamas. Los prisioneros arrestados en Abitina fueron encadenados y enviados a Cartago, lugar de residencia del procónsul, y durante su viaje iban cantando himnos y salmos a Dios, alabando su nombre y dándole gracias.
El procónsul examinó primero al senador Dativo, preguntándole quién y qué era y si había asistido a la asamblea de los cristianos. Respondió que era cristiano y profesaba su culto. El procónsul preguntó quién presidía estas reuniones y en casa de quién tenían lugar las mismas, pero sin esperar la respuesta, ordenó que pusieran a Dativo en el potro para hacerlo confesar. Cuando le preguntaron a Thelica quién era el promotor de todo, respondió inmediatamente: 
«el santo sacerdote Saturnino y todos nosotros con él». 
Emérito confesó abiertamente que las reuniones tenían lugar en su casa. Por lo que se refería a la acusación de que guardaba allí las Sagradas Escrituras, respondió que él las conservaba en su corazón. A pesar de los tormentos, todos y cada uno confesaron ser cristianos y haber estado presentes los domingos en las «colectas», o sea en la celebración de la liturgia. Las mujeres fueron tan valientes como los hombres para soportar el sufrimiento y proclamar a Cristo. Una joven llamada Victoria se distinguió particularmetne. Cuando era muy jovencita se había convertido y consagrado al Señor, aunque sus padres paganos habían insistido en desposarla con un joven de la nobleza. Para escapar de él, saltó por una ventana el día de su boda. Escapó ilesa y se refugió en una iglesia, donde se consagró a Dios. El procónsul, en consideración a su alta dignidad y por su hermano que era pagano, trató vivamente de inducirla a renunciar de su fe, pero ella persistió repitiendo «¡soy cristiana!». Su hermano Fortunato se encargó de defenderla y trató de probar que estaba loca y que los cristianos la habían embaucado para atraerla a sus creencias; pero Victoria, temiendo perder la corona del martirio, puso en claro que estaba cuerda, respondiendo muy sensatamente a sus preguntas; con lo cual expresó que había elegido ser cristiana por su propia voluntad. Al preguntarle si deseaba volver con su hermano, dijo que no podía reconocer ningún parentesco con los que no guardaban la ley de Dios.
Tabgha: Iglesia de la Multiplicación. El mosaico con el cesto de panes flanqueado por dos peces puede datarse entre finales del siglo V y principios del VI. 
SAN SATURNINO Y TODOS SUS HIJOS CONFESARON NOBLEMENTE SU FE, INCLUYENDO A HILARIÓN, QUE APENAS TENDRÍA UNOS CUATRO AÑOS.
«Soy cristiano -dijo-, «he ido a las 'colectas'. Fui porque quise, nadie me obligó a ir». 
El juez, que le tenía compasión, trató de asustarlo con castigos infantiles, pero el niño sólo se reía. Entonces el gobernador dijo: «te cortaré la nariz y las orejas». Hilarión respondió: «puede usted hacerlo, pero de todos modos soy cristiano». Cuando el procónsul ordenó que los llevaran nuevamente a la prisión, Hilarión exclamó junto con todos «gracias a Dios». Parece que todos murieron en la prisión, ya sea por la prolongada estancia o por los tormentos y penalidades que habían sufrido.
Las «actas» de estos mártires son indudablemente auténticas, aunque parece posible que algunas revisiones del texto hayan sido modificadas por copistas simpatizantes de los donatistas. Véase del P. Monceaux, Les Martyrs Donatistes en la Revue de Histoire des religions, vol. LXVIII (1913), pp. 146-192. El texto de las actas se encontrará en Ruinart; en el Acta Sanctorum, febrero, vol. II; y en Migne, PL., vol. VII, ce. 705-715.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
EL PAPA BENEDICTO XVI RECUERDA TESTIMONIO DE MÁRTIRES DE LA EUCARISTÍA
Vaticano, 29 May. 05 / 06:16 am (ACI).- Durante la celebración de la Misa de clausura del Congreso Eucarístico en Bari (Italia), el Papa Benedicto XVI recordó el testimonio sobrecogedor de 49 mártires de la Eucaristía del año 304.
“El tema escogido, ‘Sin domingo no podemos vivir’, nos lleva al año 304- afirmó- cuando el emperador Diocleciano prohibió a los cristianos, bajo pena de muerte, poseer las Escrituras, reunirse el domingo para celebrar la Eucaristía así como construir edificios para sus asambleas”. Tras hacer una breve introducción histórica a la situación de aquella época, el Papa recordó la respuesta, ante el interrogatorio del Procónsul a 49 fieles que habían sido sorprendidos celebrando la Eucaristía, de Emérito: “Sine dominico non possumus”: sin reunirnos en asamblea los domingos para celebrar la Eucaristía no podemos vivir. Nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades cotidianas y no sucumbir”.
El Santo Padre concluyó el relato recordando cómo 
“después de atroces torturas, los 49 mártires de Abitene fueron asesinados. Confirmaron así, con la efusión de la sangre, su fe. Murieron, pero vencieron”.
Fuente:
http://www.primeroscristianos.com/index.php/temas/item/1111-sin-reunirnos-el-domingo-para-celebrar-la-eucaristia-no-podemos-vivir/1111-sin-reunirnos-el-domingo-para-celebrar-la-eucaristia-no-podemos-vivir

http://www.mozarabia.es/sine-dominico-non-possumus-los-martires-del-africa-proconsular/
http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_549
https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-recuerda-testimonio-de-martires-de-la-eucaristia/

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